El centro de control balear acumula un 4,6% más de vuelos hasta septiembre, pese a haber comenzado 2026 con descensos, y rompe la idea de un crecimiento lineal y permanente en Mallorca
Mallorca suele aparecer asociada a cifras récord de actividad aérea, pero la evolución de 2026 ofrece una fotografía bastante más matizada. El Centro de Control de Palma ha gestionado 326.543 vuelos entre enero y septiembre, un 4,6% más que en el mismo periodo de 2025, después de haber comenzado el año precisamente en sentido contrario.
En enero, Palma fue el único de los cinco centros de control de ENAIRE que registró un descenso interanual, del 1,8%, mientras el conjunto de la red española crecía un 3,3%. Nueve meses después, esa tendencia se ha revertido por completo y el tráfico gestionado desde Palma crece incluso dos décimas por encima de la media nacional, situada en el 4,4%.
La evolución introduce un matiz frente a la imagen de crecimiento constante que suele acompañar a Mallorca. Los datos no reflejan una trayectoria ascendente uniforme, sino una recuperación progresiva después de un inicio de año negativo.
Tampoco muestran que Palma esté creciendo muy por encima del resto de España. Su incremento acumulado del 4,6% es prácticamente idéntico al de Barcelona, también del 4,6%, y muy próximo al 4,4% de Madrid. Sevilla registra un avance mayor, del 5,9%, mientras Canarias se queda en el 1,7%.
En septiembre, el Centro de Control de Palma gestionó 46.758 vuelos, un 5,1% más que un año antes. El dato confirma la recuperación respecto al inicio del ejercicio, aunque vuelve a situar a Baleares dentro de una dinámica general de crecimiento del tráfico aéreo español, no como una excepción.
En volumen total, Palma acumula hasta septiembre menos vuelos que Madrid, Barcelona y Sevilla y ligeramente más que Canarias. El centro balear ocupa así la cuarta posición entre los cinco centros de control de ENAIRE.
La lectura de estas cifras exige además distinguir entre el tráfico gestionado por el Centro de Control de Palma y la actividad del aeropuerto de Son Sant Joan. Los datos de ENAIRE incluyen los vuelos que atraviesan el espacio aéreo bajo responsabilidad del centro y no equivalen al número de despegues y aterrizajes registrados en el aeropuerto mallorquín.
La comparación permite, por tanto, poner negro sobre blanco una de las paradojas del tráfico aéreo en Baleares: Mallorca puede estar asociada a volúmenes muy elevados de actividad y, al mismo tiempo, presentar fases de crecimiento inferiores, estancamiento o incluso descensos puntuales.
Lo ocurrido en 2026 es un ejemplo. Palma arrancó el ejercicio perdiendo tráfico frente al año anterior y llega a septiembre con un crecimiento del 4,6%. La singularidad no está tanto en que vuelva a crecer, sino en cómo ha cambiado la trayectoria a lo largo del año y en que, pese a la percepción de excepcionalidad permanente, su evolución termina siendo muy similar a la del conjunto de España.

